| Nombre: | Despierto |
| Categorías: | Drama, Thriller |
| Director: | Joby Harold |
| Año: | 2007 |
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Despierto (2007)
Entretenimiento sin anestesia
La queja siempre es la misma: que vemos cada año, cada mes y cada día –gracias a nuestros distribuidores y su “admirable” gusto–, el mismo tipo de cine, banal y predecible. Que –salvo en las semanas cercanas al Oscar o en la temporada de Eurocine– nunca podemos apreciar las maravillas que se están creando en Oriente (con excepción de Kim Ki Duk, que debe tener una prima viviendo en Bogotá, porque traen todas sus películas), ni la avalancha de cintas producidas en Bollywood o los cientos de filmes en español –cuya audiencia natural estaría entre nosotros–, que se lanzan en España o en Argentina, los dos países más saludables de Hispanoamérica en términos de cantidad de producción. Ni siquiera nos llegan las películas “independientes” norteamericanas, que tanto se preocupan por promocionar en Sundance. Sundance sólo nos importa en Colombia, cuando nuestros sufridos directores pueden mostrar sus títulos en la selección oficial del Festival que dirige Robert Redford.
Sin embargo, a pesar de la queja reiterada, eso no es lo peor. Lo MÁS TERRIBLE, lo que hace que el pecado sea más grande, es que del cine norteamericano ni siquiera nos llegan TODOS los títulos comerciales. ¡Somos tan poca cosa para nuestros distribuidores, que no nos merecemos ni siquiera eso! No nos dan la oportunidad de conocer, como lo hacen los gringos cada semana, decenas de títulos de terror adolescente, o terribles películas de acción con Jason Statham y Jet-Li. ¡Por Dios! Nos ocultan para siempre, incluso, títulos que maravillarían a nuestros sobrinos en matinés infantiles, como Hannah Montana. Nos niegan la encantadora variedad de supermercado (alternativas que saben a lo mismo, pero alternativas al fin y al cabo) que podríamos tener sólo con cine norteamericano comercial.
Porque entre ese cine, el que se hace con el único objetivo de entretener, sin necesidad de mensajes de fondo, ideas adyacentes o moralejas subrepticias, también hay películas que valen la pena. No todo es National Treasure 2. Gracias a que las tiendas de alquiler en DVD son un poco más inteligentes que los distribuidores, podemos ver títulos como Awake, un thriller médico protagonizado por Hayden Christensen –el Darth Vader adolescente de los episodios II y III de Star Wars– y Jessica Alba.
La película, por fortuna, es más de lo que se podría pensar a simple vista con esos protagonistas –que no acaban de cuajar, que todavía necesitan un hervor para pasar de actores lindos a actores buenos–, gracias a un guión que, siguiendo las reglas del thriller, sorprende con una historia que nadie nos había contado antes: la de aquellos pacientes a quienes la anestesia no les funciona completamente en la sala de operaciones. Los fármacos logran dormirlos pero no agotar su percepción: están inmóviles pero sus sentidos no duermen, así que cuando el bisturí corta la carne o la sierra con punta de diamante destroza el esternón, ellos sienten el dolor. ¡Y en la película se ve tan terrible como suena!
Quién vive esta desgracia es el personaje de Christensen, Clay Beresford, un yuppie millonario que trata de llevar sobre los hombros el peso del prestigio de su padre, y que además tiene que lidiar con una mamá sobreprotectora, que lo cuida en exceso. Beresford llega a la mesa de operaciones porque tiene un problema cardíaco, que ya lo ha hecho paciente habitual de las salas de emergencia, donde conoció al doctor Jack Harper, personaje que hace con menos pericia de la acostumbrada, Terrence Howard. A pesar de las advertencias de su madre, (la hermosa Lena Olin, a quien hemos visto en la serie Alias) para que el trasplante de corazón no lo haga Jack –pues es un doctor que ha sido demandado por sus errores en el quirófano–, Clay confía a ciegas en su amigo.
Lo de la anestesia sería sólo una anécdota, pero el guionista de la historia (Joby Harold, quien también es el director de la cinta), ha logrado que sea parte esencial de la película, pues con muy buen criterio, ha puesto al público en el cuerpo y la mente del paciente. Sólo cuando él está ahí, maniatado, retorciéndose por las vísceras que le remueven, por ese corazón que deja de latir, pero escuchando las conversaciones de sus médicos y reflexionando sobre la vida que ha llevado, se da cuenta –y el público con él– de un error terrible que sólo puede cambiar con la ayuda de su novia, Sam, el personaje de Jessica Alba.
Manteniendo la tensión en todo momento, con una dirección que se aleja del facilismo de videoclip (paradójicamente hemos llegado al momento del cine en que lo difícil es saber dejar la cámara quieta) y con un lente que se centra en el rostro desesperado de Christensen, seguimos sintiendo con el protagonista, cuyo “espíritu” se aleja de su cuerpo para moverse por sus recuerdos (en flashbacks que van desenredando la madeja de a poquitos, pues él va entendiendo detalles que al principio tampoco nosotros percibimos) y para “caminar” por el hospital, mirando sin que lo vean, a sus seres queridos. Por un momento tememos que la película se convierta en una versión más cool de Ghost, pero Joby Harold vuelve a dar muestras de mesura y nadie siente “la presencia” de Beresford salvo los espectadores, que nos compadecemos de su angustia y de que, sin poder hacer nada para impedirlo, todas las luces de su vida se van apagando –literalmente– a su alrededor.
Tal vez porque no es una súper producción (costó 9 millones de dólares) las escenas están resueltas con más imaginación que tecnología. Nos damos cuenta de la verdad (la verdad, la protagonista fundamental de un thriller) con un sencillo paneo que se hace a una serie de fotografías; la muerte no es una sala blanca llena de luces, o un desierto con filas interminables de almas en pena, no: es nuestra casa de infancia a la luz de las velas, un poco más opaca de lo que la recordamos. Ni siquiera hay diálogos innecesarios cuando todo se ha resuelto, o escenas “moraleja” en las que el protagonista mira al infinito frente a un río. Nada, Awake se acaba cuando todo se resuelve. ¿Qué más hay que decir?, esto es cine que entretiene, para comer crispetas sin remordimientos. Y sin embargo, qué bueno sería que todo el cine comercial de Estados Unidos que llegara a nuestras salas, se pareciera más a esto y menos a Amor y tesoro.
