| Nombre: | Juno |
| Categorías: | Drama, Comedia, Religiosa, Fantasía, Basado en hechos reales, Romance, Comedia dramática, Musical |
| Director: | Jason Reitman |
| Año: | 2008 |
Otras reseñas para esta película
Juno (2008)
Una diosa embarazada y un diablo escribiente
¿Y si a Caperucita Roja no se la tragara el lobo? ¿Y si fuera ella la que se come al animal feroz, para quedar embarazada después de la cena? ¿Volvería donde su madrastra –como todos recordamos, en los cuentos de hadas las protagonistas tienen madrastras- y le daría la noticia con la tranquilidad de que no la abandonarían en el bosque?
Caperucita Roja camina frente a nosotros al comienzo de Juno. Ya hemos visto ese rostro inolvidable y esa capucha colorada en alguna parte: eran los referentes visuales de Hard Candy, la película de David Slade que en 2005 también protagonizó Ellen Page y que deslumbró en el circuito independiente contando la historia del gato y el ratón al revés, la niña indefensa que cazaba al pederasta. En Juno, sin embargo, la referencia parece tener otro sentido: al igual que Caperucita, Juno es una invención, un cuento de hadas, un ser mitológico. Una diosa griega. No hay adolescentes tan inteligentes y perspicaces. O al menos eso es lo que nos han hecho creer desde siempre las películas norteamericanas. Pero Juno está ahí para probar lo contrario, para decirnos que siempre se puede responder algo inteligente, o sensible o totalmente divertido. Para enamorarnos con unos ojos que no nos cansamos de mirar.
Acompañamos entonces a Juno, desde el momento en que se convence de que está esperando un niño, durante los nueve meses de su embarazo. Nueve meses en los que aceptará que no desea ese hijo pero tampoco quiere abortar, encontrará a una pareja joven que adoptará a su bebé y en los que –según sus propias palabras- se convierte en una leyenda en su colegio gracias a su transformación en ballena.
Alfred Hitchcock (¿Hitchcock? ¿qué demonios viene a hacer Hitchcock en una crítica acerca de Juno?, se preguntarán) acuñó un término que es parte esencial de la historia del cine: el macguffin. El macguffin es esa excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia pero que carece de relevancia por sí misma, como la estatuilla de El halcón maltés. Según el director inglés, “en las historias de rufianes es un collar y en las de espías, los documentos”. En este caso, la excusa es el bebé de Juno MacGuff (el bebé en su barriga, literalmente el MacGuff-in), pero quien realmente importa en la película es ella y sus relaciones con los otros personajes de la historia. Al igual que en su primer largometraje, Thank you for smoking, el director Jason Reitman enfoca el asunto central de su película (el derecho a fumar, el embarazo adolescente) sin tratar de encontrar grandes verdades o de señalar qué es lo correcto: lo que importa es lo que le pasa a esas personas que nos pone al frente.
Y los personajes consiguen ser creíbles por dos motivos en particular. Uno, porque siempre, sin excepción, se salen del cliché: la madrastra ama a su hijastra y pelea por ella, el papá no se escandaliza ni deja de hablarle a su hija a pesar de ser un tipo rudo con pasado militar, la mejor amiga de Juno es una porrista que no es tonta, el novio no parece salido de un cásting de modelaje y aún así Juno se babea por él… Y el segundo motivo, causa directa del primero, es la escritura temible e irreverente de la guionista, Diablo Cody, (no es su nombre real, es el seudónimo que escogió en su pasada carrera como desnudista, probablemente es una historia que usted ya conoce gracias a la difusión que le han hecho nuestras inquisitivas periodistas de farándula) quien logra crear unos diálogos tan brillantes como no se veían en Hollywood desde los trabajos de Woody Allen en los ochenta. Claro, todos los personajes son “demasiado” inteligentes, ¡pero qué nos importa si lo que dicen suena tan bien (nadie reclama demasiado cuando los diálogos son siempre estúpidos, como en Transformers) y nos hacen reír y pensar, incluso al mismo tiempo!
No ha evitado los riesgos Diablo Cody: la primera posibilidad en la mente de Juno al enterarse de su embarazo es suicidarse (aunque lo hace con una cuerda de dulce que rompe de un mordisco, lo que describe la mezcla entre humor y drama que posee esta película), la segunda es abortar; hay conversaciones acerca del sabor de los penes de acuerdo al condón que se usa, el personaje del esposo que va a adoptar al bebé parece querer acostarse con Juno (de repente empieza a vestirse cada vez más parecido a ella) a sabiendas de que es menor de edad, e incluso Juno parece querer también. Todas esas situaciones están ahí, pero nadie se siente incómodo al verlas porque, ¿quién dijo que la vida era políticamente correcta? Si así lo fuera una stripper no se ganaría el Oscar.
Claro, Diablo Cody no se habría llevado el premio de la Academia si las frases que imaginó no estuvieran magníficamente actuadas. Y esto se debe a un casting impecable, a una más que acertada dirección de actores por parte de Jason Reitman y sobre todo, a una protagonista como Ellen Page, que causa la misma impresión -casi una reacción atómica- que sentimos aquella vez, en 1994, cuando vimos a Natalie Portman imitando a Chaplin en El perfecto asesino. La adolescente que compone Page es uno de los personajes más entrañables del cine norteamericano en los últimos años, gracias a un enorme talento que seduce, convence y conmueve. Después de verla robarse el show en escenas con Allison Janney y J.K Simmons (papá y madrastra de Juno), actores que le llevan media vida de experiencia, no cabe duda de que Ellen Page es una verdadera estrella que apenas empieza a mostrar su brillo.
La reacción del público demuestra una vez más que no es tan tonto como creen los expertos de mercadeo y que a veces, calidad y popularidad pueden ir de la mano. Cuando fue estrenada, el 9 de diciembre de 2007, sólo estaba en 7 salas de Estados Unidos. Una semana después, gracias al “boca-boca” había llegado a 40 pantallas, a la siguiente a 305 y así sucesivamente hasta alcanzar las 2534 y superar la barrera de los 100 millones de dólares en taquilla. ¿Quién dijo que las diosas griegas no hacían milagros?
Sin embargo, lo más agradable de la película es la sensación que nos deja la última escena, cuando vemos a Juno cantando con su novio (una más de las muchas estupendas canciones que hacen parte de la banda sonora) en la acera. Es como si supiéramos que eso era lo que tenía que pasar después de todo lo que vimos. El final feliz de un imperfecto cuento de hadas.
