| Nombre: | La caída |
| Categorías: | Drama |
| Director: | Oliver Hirschbiegel |
| Año: | 2005 |
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La caída (2005)
El monstruo en su laberinto
¿Es la maldad una condición inherente a la naturaleza humana? La infame historia del hombre debería bastar para responder que en nuestro código genético reposan los ingredientes necesarios para crear bestias. Sin embargo, cada vez que aparece un asesino nos apresuramos a decir que es un monstruo y con eso salimos del lío: aquí nosotros los buenos y allá los dementes homicidas.
La exaltación de lo que nos diferencia de un asesino puede ser buena para la autoestima, pero no ayuda a entender la verdadera naturaleza del problema. Nuestra especie sólo podrá superar los embates de los grandes homicidas estudiando los rasgos que los hermanan con el resto de la humanidad, para así entender sus motivaciones y neutralizarlas.
Por ello conviene bajar a los grandes asesinos de la historia del pedestal del odio hasta su simple condición humana. Ese es el gran logro de La caída, una cinta que recrea los últimos días de Adolf Hitler. Basada en las memorias de su secretaria y en el libro En el bunker de Hitler, la película nos muestra al Fuhrer encerrado en un laberíntico refugio subterráneo, mientras las tropas rusas se toman Berlín. Desde su escondite, Hitler intenta conducir un proyecto que ya no existe, dando órdenes a ejércitos disueltos y despotricando contra subalternos desertores.
El Hitler de La caída es aterrador y despreciable, pero en su ineluctable ocaso deja ver al hombre que convivía con la bestia. Este logro se debe en gran parte al monumental trabajo del veterano actor Bruno Ganz: su humanización de Hitler es tan persuasiva, que nos recuerda que los monstruos como él están a la vuelta de la esquina y que atacan en el momento menos pensado.
