Nombre: Enlace mortal
Categorías: Thriller
Director: Joel Schumacher
Año: 2002

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Samuel Castro * * * ½

Enlace mortal (2002)

Joel llamando a Alfred

Ya se han dicho muchas cosas en todos los medios de esta película. La mayoría de “periodistas culturales” se han preocupado por recordarnos que el guión de “Enlace Mortal” (Phone Booth en inglés, pero ningún distribuidor sería lo suficientemente valiente para traducir su título al español como “Cabina Telefónica”, pues para ellos ese título no “vende”) le fue ofrecido por su autor, Larry Cohen, a Alfred Hitchcock a mediados de los años sesenta, o que el estreno de la cinta fue retrasado por el estudio productor (Twentieth Century Fox) pues coincidió con los atentados del “francotirador de Washington” en el 2002 y no hubiera sido “políticamente correcto” lanzarla en ese momento.

Sin embargo poco se ha hablado verdaderamente de la película por el temor generalizado a decir algo bueno acerca de un director tan comercial como Joel Schumacher. Para muchos, comercial tiene que ser sinónimo de vacío y sin ideas. Pero esta historia en la que un hombre moderno (¿puede haber una profesión más “de nuestra época” que la de relacionista público?) es amenazado por un justiciero misterioso que quiere castigarlo por su “inhumanidad”, trasciende a la simple fachada.

Stuart Shepard le oculta cosas a la gente: es un experto en manejar las palabras que dice por teléfono, contar verdades a medias, aprovecharse de las personas que le rodean y salir beneficiado. Para que su mujer no haga preguntas incómodas cuando revise la cuenta del celular, “Stu” utiliza una cabina telefónica callejera, tratando de convencer a una joven actriz de que salgan juntos. Unos segundos después Shepard oye sonar el aparato de la cabina y lo contesta porque “quién puede dejar que un teléfono suene sin responder”, y entonces una voz, la fantástica voz amenazante y profunda de Kiefer Sutherland le dice, palabras más palabras menos, que ha decidido matarlo por los pecados que comete a diario y que la única forma de que le perdone la vida es que cambie lo que ha hecho desde ahí, sin moverse.

A partir de este momento y durante 75 minutos más de cinta, los espectadores acompañan a Stuart en un sube y baja de emociones donde hay un asesinato, un capitán de la policía frágil e inseguro que trata de evitar muertes inocentes, decenas de periodistas y, por supuesto, esa voz que se burla de su víctima y al mismo tiempo de los espectadores, demostrándoles que él no fue un niño del que abusaron, un veterano de Vietnam sicótico o un loco inadaptado. Es como si les pusiera una pistola en la sien y les dijera: “¿no se han dado cuenta de que los malos somos todos nosotros?”. Un mensaje más agudo y más crítico de lo que se acostumbra en Norteamérica.

Dentro del aparataje comercial de Hollywood las películas son un “producto de grupo”, que depende de la suerte, del presupuesto y de la escogencia de los miembros del equipo. En este caso, Joel Schumacher tuvo la fortuna de saber compaginar todos estos elementos para armar tal vez la mejor entre sus mejores películas (“Lost boys” (1987), “Falling down” (1993), “The client” 1994) y no cometer los errores de “Batman y Robin” por ejemplo. Escogió como protagonista a Colin Farrell, uno de los actores jóvenes más prometedores de Hollywood, en un papel donde Farrell suda, llora, grita, se pone nervioso e irascible sin extravagancias gestuales ni sobreactuaciones. Por fortuna tanto la interpretación de Forest Whitaker en el papel del frágil capitán de la policía, como la de Sutherland en el del asesino con sentido del humor, están a la altura.

En el equipo de producción, Schumacher incluye a Matthew Libatique, el director de fotografía que nos asombró con las imágenes de la brutal “Réquiem for a dream” de Darren Aronofsky, y que esta vez nos ofrece una fotografía con contrastes extremos de blancos y negros, combinados con colores saturados llevados al máximo, como un reflejo de la situación que nos presenta la película. Dos cosas quedaron probadas con “Enlace mortal”: buenas elecciones crean películas comerciales decentes y guiones críticos ahuyentan en este momento a la taquilla de Estados Unidos.

Probablemente este film no sea una obra maestra, pero consigue que volvamos a creer en que hay historias (inclusive de suspenso) que no se han contado. Eso sí, nos hace pensar en cómo hubiera sido si hace treinta años, Hitchcock hubiera dicho que quería hacerla y acto seguido hubiera llamado a Cary Grant.

Publicado en 2004 en la página web www.vivalacultura.com