Nombre: El caimán
Categorías: Drama
Director: Nanni Moretti
Año: 2006

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Pedro Felipe * * * *
Diego Guerra * * * *

El caimán (2006)

"Una película sobre el cine, el amor y la Italia contemporánea". Esa es la definición que da de su obra el director Nanni Moretti en una entrevista  para el diario La Repubblica . Y tiene razón, pues no se trata de un panfleto —ni siquiera en el buen sentido de la palabra— como Fahrenheit 9/11 , ni de una obra rodada con el fin de influir en el electorado.

Sin embargo, haberla estrenado algunas semanas antes de las cruciales elecciones que Silvio Berlusconi perdió en 2006, lo mismo que estar rodeada por el rumor de que se trataba de una película "sobre y contra Berlusconi", fue fatal para El Caimán. Y eso, a mi juicio, es una verdadera tragedia, tan grave como el triste destino de los "Versos satánicos" de Rushdie, que nadie sintió la necesidad de leer —aunque sí de comprar— pues la estúpida fatua lanzada en su contra terminó por convertir a su autor en una víctima digna de nuestra compasión y solidaridad, como bien lo señaló Kundera en su momento, siendo que un artista no necesita en lo más mínimo de esos sentimientos.

A mí nunca me habían fascinado las películas de Moretti. Caro Diario me dejó algo tibio, y La habitación del hijo me dolió más por el tema que por el tratamiento que se le da (Nota mental: Tengo que volver a vérmelas). Pero con El caimán me sucedió algo extraño, no sólo con respecto al trabajo del director, y ni siquiera en lo relativo al cine. Me sucedió algo íntimo que voy a compartir, pues no es ni vulgar, ni sentimental, ni irracional, y que por ende no creo que vaya a aburrir o a ofender a los lectores. Además, creo que les puede interesar.

El caimán cuenta la historia de un director —apropiadamente llamado Bruno Bonomo (Silvio Orlando)— de películas de serie B que ha llegado a un punto muerto en su carrera: el banco ha decidido cobrarle todos los créditos que desde hace años le ha otorgado, su esposa Paola (la excepcional Margherita Buy) quiere consumar su separación lo más pronto posible, y nadie acepta rodar la más mínima toma con él, ese director maldito. ¿Nadie...? En una de las primeras escenas, justo antes de ser humillado por el presentador de una de sus "impotables películas" (que en realidad son unas delicias, pero que dentro del contexto de la obra se revelan como feroces críticas a cierta actitud cinematográfica), una muchacha muy joven, jovencísima, llamada Teresa (Jasmine Trinca) con una bebita en sus brazos, se le acerca para entregarle un guión que se llama justamente "El caimán". Bruno lo toma, lo olvida, y a la mañana siguiente, abandonado por todos, cuando su microempresa parece estar naufragando, comienza a leer ese texto que ni le importa, ni le interesa, ni entiende, pero que ahí está. Y se queda dormido. Sin conocerlo, pues, se lo presenta a los representantes de la RAI, quienes tras leerlo lo rechazan, y a mi parecer con razón, pues la actitud de Bruno es tan suicida como la de un productor que le propone a producciones JES la financiación de un documental en el que se pone en evidencia la zalamera, ligera y tendenciosa manera de ejercer el periodismo de los Sánchez Cristo.

Bruno cuenta con un margen de maniobra estrechísimo. Un observador sobrio le recomendaría mandar el cine al carajo para tratar de salvar sus pocos haberes, pues enormes cobros de cuenta se anuncian como negros nubarrones en el horizonte. Y Bruno no lo hace. Por diversas razones. Porque recurre a la técnica del avestruz; porque Teresa es una muchacha encantadora; porque así ha actuado toda su vida; porque dar la pelea en otro contexto es aterrador; porque las ideas de sus películas no son tan malas (sus hijos y yo suscribimos esa idea), y Aindra merece una nueva oportunidad; porque no se da cuenta de la bomba que esa guapa muchacha —que no alberga secretos, pero sí aspectos inesperados para Bruno— ha escrito y quiere llevar al cine.

Es enorme lo que se puede decir sobre esta cinta. Yo creo que uno puede contar el final sin arruinarla, pero estoy seguro de que hay una gran cantidad de almas sensibles que prefieren perderse mis comentarios para vivir el descubrimiento de la intriga. Amén.

Pero hay detalles de los que se puede hablar. La figura de Berlusconi es en efecto uno de los ejes de la narración, como también es el caso en el guión propuesto por Teresa. En El caimán ese dirigente es interpretado por tres señores actores: Marco Pulici, Elio de Capitani, y el mismísimo Moretti. ¿Y a qué se debe esa imagen tripartita? Mi personal interpretación consiste en que el primero se le parece físicamente, el segundo tiene el aspecto que al ex dirigente le gustaría tener, y el tercero quiere confrontarlo desde adentro. (Nanni Moretti es uno de los pocos directores que también es un excelente actor. En sus obras y en las de otros colegas, sus papeles suelen ser protagónicos y aunque me extrañaría que se haya sometido a un castin para que lo escojan o para escogerse, sus dotes dramáticas son patentes).

La secuencia final es digna del teatro clásico (digo "clásico pero pienso griego"). El rey se enfrenta al niño que le dice que está desnudo, y azuza a la multitud para que se deshaga de quien anda diciendo que ha elegido a un pobre diablo que se deja engañar con un vestido que es puro aire; el pueblo reacciona linchándo al niño, el cual arde, y la película se termina. (La obra de ficción es rodada in extremis por Bruno, que no es un doble de Moretti, pues el director de El caimán sí hace el trabajo sucio).

Y no puedo evitar pensar en el gobierno de Colombia. Así como Berlusconi ha sacado a la luz lo peor de los italianos, autorizándolos a aceptar que un estafador sea su gobernante tan sólo porque es un triunfador, en Colombia el electorado ha aceptado que un aliado de personas que han cometido crímenes contra la humanidad sea su más duradero dirigente, y en ambos casos la explicación ha sido la misma: So what?

El debate que pretende decidir si son los individuos o las colectividades —o los emprendedores o la sociedad— el motor de la historia me parece, en lo personal, algo ocioso. Pero respecto a El caimán es pertinente, pues gracias a la concentración de poder (es decir de los medios de comunicación, de la publicidad, y de los centros de producción) algunos grupos logran coagular en una persona la imagen del mesías místico que anida en el imaginario general, y entonces la realidad se contrae con respecto a la ficción desarrollada en torno a esa figura. En los Estados Unidos la persona de W. Bush no parece tener gran peso en el mensaje vehiculado por su figura, que es la de un imbécil (So what?). En Italia y en Colombia, dos países latinos, sucede lo contrario. Ellos son los condottieri.

En El caimán encontramos pues una feroz crítica al embrujo ejercido sobre los italianos por ese dirigente que tanto reeligieron. Pero también es un retrato sin concesiones sobre los humanos contemporáneos, tan simpáticos al tomarse un café y tan mezquinos al votar o al pensar en el dinero. También cuenta la dulzura de un hombre cuya vida da vueltas inconexas, y quien es capaz de buscar un polo a tierra lanzando una sonda hacia el lugar que le indica una amiga en cuya decencia cree. Es asimismo una muestra del final de la felicidad, o por lo menos de cierta felicidad.

Y para mí es una película que me ha reconciliado con mi infancia y parte de mi juventud, que en cierta medida fue italiana.