Nombre: Perdidos en Tokio
Categorías: Drama
Director: Sofia Coppola
Año: 2003

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Samuel Castro * * ½
Alejandro Martin Maldonado * * * *
Mauricio Reina * * * ½

Perdidos en Tokio (2003)

Extranjero en el mundo

Volvíamos por la circunvalar luego de un tour por Bogotá, dejando los compañeros de la noche, cuando Rodrigo pudo por fin describir la película. Ya eran más de las 2 de la mañana, y se le veía exhausto manejando el carro. Rodrigo, con el cansancio de los kilómetros manejados (de la Soledad a la 127 con autopista y de vuelta a Rosales), encontró las palabras para referirse a la película. Yo no sabía bien que pensar. No lo sé aún.

Quisiera repetir cosas que dijo Rodrigo. "¿Cómo definir ese estilo? Hay algo de niña. Cosas que miran las niñas. Como cuando va al templo. Cuando se va hasta Kyoto y vuelve. Así debe ver las cosas Sofia. Sofia debe identificarse mucho con la protagonista. Además en su relación con su marido, Spike Jonze. El siempre acelerado, metido en sus cosas. Ella mira todos los detalles, como la letra que escoge para los títulos de la película."

Me hizo sonreír. Me acordé de todo lo que venía pensando sobre las niñas y su mirada. Todas las cosas se juntan. El miércoles había estado conversando con Marcela y ella me contaba de la película que quería hacer. Acerca de lo que hacen las niñas solas. De cómo las niñas pueden ser muy fantasiosas. De cómo pueden regodearse con su tristeza. Ella quería mostrar esas cosas que sólo sus ojos veían. Pensé en Marcela al ver la película. Pensé que le gustaría mucho.

Rodrigo me llamó cerca de las 6 de la tarde. Iba a reservar para ver la película a las nueve. Yo estaba concretando otro plan, pero cambié de idea. Me encanta ver películas el día del estreno. Me encanta el celuloide fresco, lleno de color. El sonido absolutamente limpio. Y, un poco, la sensación de culto. De estar con otros, que como yo, llevaban meses esperando la película.

Hay veces que, como ayer, yo esperaría encontrar una masa. Pero no, fueron pocos. Y muchos estaban allí por pura casualidad. Sin embargo, hubo varios que, como yo, al terminar se quedaron atornillados en sus sillas. Esperando a que saliera la última letra del último crédito, y en este caso, a ver la sonrisa de la japonesa que nos mira pícaramente a los que nos quedamos hasta el fin del fin.

Así me quedé yo, de una pieza. Pulga estaba sentado a mi lado. Yo aplaudí silenciosamente. El inmediatamente sentó su veredicto: no le había gustado tanto. Rodrigo me miró con su gran sonrisa y me brindó su pulgar levantado. Me reconfortó. Se pararon a saludar unos amigos que estaban en otra fila. Yo me quedé al fin solo. Para disfrutar cada momento. Concentrarme en la música y en el estado de ánimo que intentaba mantener. Lost in translation. 

Lost in translation. Muy probablemente es una película para ir a ver solo. O sólo con con un alma gemela. Una ciudad inmensa y uno caminando por allí. Perdido. Las luces de los carros. Las luces de neón de las tiendas. La gente que va y viene. Puede uno olvidarse de que existe. Nadie le habla. Nadie lo mira. Uno es sólo testigo. Sólo mirada. Las cosas pasan. Es como una película. Una película que se ve para donde uno mire. Todo es absurdo. ¿Qué hace uno allí? Uno mira, uno camina. Y mientras tanto una sensación crece en el pecho. Poco a poco se va hinchando. Una desazón. Una curiosidad y una falta de curiosidad. ¿Qué debe uno buscar? ¿Qué debe uno mirar? Repentinamente es conquistado por las luces, por las manos, por las portadas de las revistas. Tan lejos de casa, en sitios tan ricos, tan diferentes, y uno se fija en esa mirada, ese movimiento del pelo, sigue cuidadosamente las líneas del suelo.

Me viene a la mente la imagen de subir y bajar por la Gran Vía.

"Si Bill Murray no diese la sensación de estar siempre actuando la película sería mucho más fuerte. Scarlett es una niña. Es real. Él siempre con sus chistes, con sus gestos..." (Rodrigo)

Yo no sabía que pensar. Siempre he querido a Bill Murray, desde Cazafantasmas, pasando por Scrooged, hasta Groundhog's day. Y especialmente en Rushmore que vi tantas veces este diciembre. Hay algo entre Rushmore y Lost... Los detalles y los colores. En eso pensaba Rodrigo cuando se preguntó "¿Cómo definir ese estilo?" Los Fabulosos Tenenbaum. El dedo de madera de Gwyneth picando contra la cerámica del baño. Los dedos de Charlotte la primera vez que se sienta al lado de Bill en el bar. Sin embargo, hay algo en Bill. En su comedia. Algo que me sienta a su lado. Algo que hace que muchas veces sea el único que me ría en el teatro. Algo que en el momento que canta el karaoke hace que me estremezca. Que se me agüen un poco los ojos. Ya estoy, como él, enamorado de Charlotte. Y sé, como él, que no voy a poder estar con ella. Su comedia siempre una comedia triste. Una comedia solitaria. Melancólica. A ratos se parece tanto a John Wayne. Hay algo que lo tiene condenado a estar solo, así no lo esté. Hay una ironía en su mirada. Una extraña distancia que a mí me lo acerca tanto. 

Scarlett Johansen es Charlotte. Scarlett en la ventana como un cuadro de Hopper. O de Vermeer, como en la película que aún no nos ha llegado. Scarlett con su soledad. Con sus "cascos" oyendo música en el baño. Dando vueltas en las sábanas. Cada uno tiene su soledad. Una frase que me da vueltas y vueltas. La suelto y vuelve y me coge. Cada tanto caigo en la tentación de restregarle mi soledad a quienes pienso que han podido aliviarla. Y me olvido que ellas también tienen la suya. Que su soledad es tan dura y tan fuerte como la mía.

Lost in translation. The feeling that you don't understand what they're saying. That they wouldn't understand you either. Different Languages. You don't have to be in Tokio. You feel it tou often. Much too often, maybe.