| Nombre: | El descenso |
| Categorías: | Terror |
| Director: | Neil Marshall |
| Año: | 2005 |
Otras reseñas para esta película
El descenso (2005)
El descenso
Los que desde niños nos convertimos (a fuerza de ver noche tras noche la serie de Pesadilla sin fin, El exorcista, y La hora del espanto) en fanáticos de las películas de terror, tenemos que reconocer que hemos lentamente perdido la fe en el género a causa de lo malas que han sido casi todas las últimas producciones. Y digo esto porque, suene como suene, vale recordar que la principal razón por la que cualquiera de nosotros piensa ver una película de este género es porque, como cuando vamos a una montaña rusa o a una casa embrujada, estamos buscando una experiencia, y en ese caso específico algo que nos asuste; y si revisamos rápidamente la lista de las últimas producciones de este género que han llegado a nuestro país (La profecía, La casa de cera, Cuando un extraño llama) veremos que, cuando las hemos terminado de ver, estamos más cerca de reírnos y aburrirnos que de asustarnos.
El descenso del inglés Neil Marshall es, sin querer exagerar (y asegurándoles que esta no es la opinión de un fanático ciego del género), un milagro dentro de las películas de terror. La historia: un año después de que un accidente acabara con la vida de su hija y su esposo, Sarah se reúne en Estados Unidos para descender con otras cinco amigas a una cueva inexplorada y aparentemente desconocida. La cosa, sin embargo, comienza a salir mal cuando tras una serie de pasos equivocados las seis se pierden, y de paso descubren que (a manera de cliché de línea promocional de este tipo de películas) no están solas. Y aunque el argumento lo hemos visto repetido, con diversas variaciones, una y otra vez en la historia del cine de terror, Marshall consigue tres cosas verdaderamente admirables para este tipo de películas: primero, recrea increíblemente bien el ambiente de claustrofobia, humedad y oscuridad de la cueva (no hay iluminación artificial en ningún momento, y la cámara sólo nos muestra las partes de la cueva que los personajes alcanzan a ver con sus linternas y sus velas (el resto permanece en total oscuridad)); segundo, y al ser consciente su director de que una película de terror que funcione tiene que ser también una película de suspenso, es una historia que no deja nunca de avanzar hacia adelante y de mantenernos intrigados; y tercero (y esto, en verdad, creo que es una vaina genial para una película de terror con monstruos y todo), consigue convencernos de que la cámara está documentando algo que en verdad pudo haber ocurrido.
El guión (también de Marshall), por otra parte, se rehúsa a recostarse en clichés y en el argumento señalado anteriormente, y consigue construir cada personaje (incluyendo el que tal vez sea el principal, Sarah, que desde el accidente suele quedarse dormida y soñar con su hija y situaciones improbables que confunde con la realidad) de manera genuina y creíble. Al final, cuando se ha acabado la película y vamos a un parqueadero o a nuestro cuarto, todavía pensamos en la cueva y en los monstruos. Nos devuelve, por decirlo de alguna manera, a los años en los que las historias y los monstruos seguían persiguiéndonos después de que se acabara la película. Y si además de conseguir asustarnos, El descenso logra, además, que dos o tres días después no estemos dispuestos a reírnos de la ridiculez de su argumento y sus personajes (cosa que pasa, aceptémoslo, con casi todas las historias del género), nos toca reconocer que esta es, para variar, una de las pocas producciones del género que no funciona exclusivamente con los complacientes fanáticos del cine de terror.
