Nombre: La caída
Categorías: Drama
Director: Oliver Hirschbiegel
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * * *
Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *
Mauricio Reina * * * ½

La caída (2005)

Hasta la hora final

Adolf Hitler en La caída (Der Untergang, 2004) es una figura ante todo simbólica. Como ser humano en realidad vemos muy poco de él, apenas un exterior decadente que poco nos dice. Lo que apreciamos es un hombre enfermo, decaído y abrumado por las malas noticias  de la guerra y por la inoperancia de aquellos  que lo rodean en su círculo cercano. El director Oliver Hirschbiegel  no logró meterse más allá de la epidermis del personaje. Nunca nos asomamos a su mente, no hay jamás un instante de introspección que nos acerque a sus motivos, casi nunca tiene Hitler un instante de paz. Sus relaciones son superficiales y regidas por el temor, incluso no lo vemos compartiendo siquiera un momento de intimidad casual con Eva Braun. Bruno Ganz encarna con soltura a este personaje imitando sus manierismos, sus gestos, sus gritos. No parece una tarea demasiado difícil para el experimentado actor de El cielo sobre Berlín (1987): no tenía que meterse dentro de Hitler, sólo imitarlo.

Pero es innegable que el protagonista irradia fuerza. Se trataba de un líder, de la maldad, pero líder al fin de cuentas. Para sus seguidores fue un símbolo de unión estatal, de fidelidad a unos principios arios que estaban equivocados, pero en los que tenían fe. Y en esta descripción del otoño de un símbolo vivo la película tiene éxito. Ese señor de bigote gracioso no era cualquier militar: era un caudillo idolatrado por el pueblo alemán que constituía su ejército, ciego ante la pavorosa e inenarrable hecatombe que estaba provocando con sus actos. No creo que la película intente justificarlo a él o a sus actos. Para mi la novedad consiste en el relato, hasta donde recuerde inédito, de unos días finales que el cine de guerra, ocupado en la descripción de las batallas, no nos había mostrado. Es por eso necesario que la película, que corría el riesgo de haberse reducido a una anécdota puntual, abra su lente sobre otros personajes –una secretaría, un médico, un niño, un arquitecto- que complementen el espectro y nos den otras miradas de un conflicto donde el pueblo alemán también padeció.
Al final la sensación que nos deja el filme es triste: nos evoca los abismos de la ambición.

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) © Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.