Nombre: Virgen a los 40
Categorías: Comedia
Director: Judd Apatow
Año: 2005

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Andres Borda Gonzalez * * * ½

Virgen a los 40 (2005)

Andy Stitzer (ese es el nombre del personaje que, a sus cuarenta años -y como anuncia el título de esta increíble película- todavía es virgen), un juicioso trabajador en una tienda de aparatos electrónicos que sale muy, muy poco de su casa, se delata ante sus compañeros de trabajo cuando describe, con la metáfora más ingenua y torpe imaginable, la experiencia de coger un par de tetas con la de agarrar dos bolsas llenas de arena. Y no tengo ni idea por qué razón la inocencia del personaje interpretado por Steve Carrell nos hace simplemente adorarlo; y como la historia es contada a través de su punto de vista, el resto del mundo y de los personajes adquieren el mismo matiz ingenuo y encantador. Esto es, desde mi punto de vista, lo que hace grande esta película: es una comedia que sale adelante sin recurrir en ningún momento ni a la burla ni al cinismo, que nos obliga a querer a todos los personajes, y que no busca ni es capaz de encontrarles defectos. Se trata, en cierto sentido y en contra de todo lo que nos sugiere su título, de un humor muy sano, muy noble, en donde el único enemigo real es la timidez de su protagonista.

En general, Virgen a los cuarenta tiene la finalidad de contarnos (aunque no hace falta decirlo) la pequeña odisea que emprende Andy, motivado por sus colegas, para perder de una vez por todas su virginidad. Y aunque suene a exageración, la convicción con la que Carrell interpreta a su personaje, y las actuaciones de todos los protagonistas secundarios, consiguen que ninguno de los chistes del increíble guión de Judd Apatow pase desapercibido, y que de paso no nos atrevamos a cuestionar su premisa central. Pues a pesar de que se trate de una historia que el cine actual haya examinado una y otra vez (ya sea directa o indirectamente), la película se sostiene menos por su argumento que por su carisma: es raro encontrar en los teatros de hoy en día una obra que consiga ser tan “encantadora” como ésta.

Y como pasa con las películas que nos gustan mucho, sentimos que no existen argumentos ni razones suficientes que podamos dar para verlas (ellas solas, creemos, se defienden bastante bien). Virgen a los cuarenta es, en ese sentido, como un amigo: estamos con él por la sencilla razón de que nos cae bien, y no estamos dispuestos a justificar la amistad. Espero que esta forma un poco cobarde de evitar una evaluación más crítica de la película sirva como razón suficiente para ir a verla.