| Nombre: | The Darjeeling Limited |
| Categorías: | Drama, Acción, Comedia, Erótico, Aventura, Política, Religiosa, Documental, Fantasía, Basado en hechos reales, Comedia romántica, Comedia dramática, Musical, Road movie |
| Director: | Wes Anderson |
| Año: | 2008 |
The Darjeeling Limited (2008)
Viaje a ninguna parte
Hay un método fácil de hacer que las cosas sin importancia parezcan trascendentales: simplemente hay que verlas en cámara lenta.
Hagan la prueba. La caída de un plato en la cocina parece una tragedia de Shakespeare, con mamá torciendo la boca mientras grita y papá estirando su brazo como jugador de beisbol que se lanza a alcanzar el home en la novena entrada y el plato astillándose en mil pedazos, explotando cual Casa Blanca en Día de la independencia. Ese truco, usado especialmente en la publicidad –el reino de las cosas sin importancia–, es una de las técnicas más amadas y practicadas por Wes Anderson, el aún joven director estadounidense que asombró a la crítica en 1994 con su primer corto (después convertido en largometraje), Bottle Rocket, coescrito con su compañero de escuela, Owen Wilson.
Desde entonces, y gracias a cintas como Rushmore y The Royal Tenenbaums, Wes Anderson se ha convertido en uno de los rostros más reconocidos de lo que podríamos llamar el cine independiente/mainstream norteamericano, junto a personajes como Sofia Coppola y Noah Baumbach. Y lo podríamos llamar así, con esa expresión contradictoria, pues aún cuando todos ellos se ocupan de temáticas alejadas de los intereses netamente comerciales, no son REALMENTE independientes. Son, digamos, los encargados de proponer y dirigir los proyectos atrevidos y no tan calculados, de las grandes casas productoras. Por eso sus guiones les llegan a actores reconocidos (los estudios quieren garantizar aunque sea un poquito la inversión) que aceptan filmarlos, a veces de muy buena gana, como una táctica para probar cosas nuevas y cambiar de registro (así tenemos a Nicole Kidman en Margot at the wedding o a Kirsten Dunst en María Antonieta)
En su última película, The Darjeeling Limited, Anderson nos cuenta la historia de los hermanos Whitman: Jack, Peter y Francis. Ha pasado un año desde la muerte de su padre y Francis (Owen Wilson), que ha sufrido un accidente casi mortal, ha decidido que es un buen momento para volver a hablar con sus hermanos menores. Por eso los convoca a un viaje en tren por la India, abordo de ese tren –demasiado impecable para parecer real–, el Darjeeling, con el objetivo de visitar los principales sitios espirituales y “encontrar” una visión trascendental para sus vidas. Unas vidas que están pasando por distintas crisis: Francis, cuyo “accidente” oculta un intento de suicidio; Peter (Adrien Brody), quien va a ser papá, lo cual sería maravilloso si no fuera porque anhelaba divorciarse de su mujer; y Jack (Jason Schwartzman), que acaba de terminar con su novia pero no puede aceptarlo y se tortura escuchando a distancia los mensajes en la contestadora de ella, pues posee la clave de acceso. Tres hermanos que, como ocurre siempre (SIEMPRE) con los personajes de Anderson, son en realidad niños en cuerpos de adultos, niños llenos de caprichos y pataletas, de impulsos irracionales y acciones inesperadas.
Al comienzo, la película hasta pinta bien. Digamos que durante los primeros tres minutos. Todo gracias a ese falso comienzo de cine negro, con Bill Murray caracterizado como un espía de los cuarentas, tratando de alcanzar el tren desesperado y con Adrien Brody cargado de maletas, que sale de ninguna parte, lo sobrepasa sonriendo –en cámara lenta, por supuesto– y se trepa al último vagón, lanzando el equipaje sobre la baranda, con la grandeza del tiempo retardado. Después viene el encuentro con los hermanos, el recuerdo del padre muerto y la mamá desaparecida (un detalle que será muy importante más adelante), todo a través de diálogos autistas (porque parece que sólo los entienden los personajes y el guionista) actuados en medio de encuadres perfectos –a veces demasiado, no siempre es bueno cuando la perfección parece tan calculada– y cuartos de tren de color pastel, como los de las tortas en las reposterías de medio pelo.
Se supone que Anderson quiere convencernos de que estos hermanos están en una búsqueda espiritual –bueno, si de verdad creemos que él se toma su historia en serio. Hasta las comedias deben intentar hacer eso– y sin embargo, se regodea en anécdotas pendejas, historias de turista ingenuo como el robo de unos zapatos o la compra de una serpiente venenosa en un mercado. Claro, todo filmado con algunos de esos juegos de director que tanto le gustan (coreografías en las que la cámara realiza unos paneos moderados de un lado a otro, que nos sorprenden con elementos y personajes que van entrando a cuadro; travelings laterales que permiten ver lo que pasa en los distintos cuartos del tren) que son señas de que el director texano tiene oficio, tiene ideas. Pero las ideas visuales no necesariamente construyen buenas historias.
Los actores hacen lo que pueden con sus personajes. Unos más que otros: Brody logra armar una caracterización muy consistente entre berrinches y búsqueda de pastillas (otro de los clichés narrativos en las historias de Anderson), por lo menos al que más le creemos su desorientación espiritual. Ni siquiera Anjelica Huston, en su papel de mamá de los niños metida a monja, consigue ser verosímil. Pero no es culpa de ella, es culpa de una historia boba que al final hasta se burla de su premisa principal, pues después de vivir lo que parece ser el momento realmente importante de su viaje, cuando tienen que lidiar con la muerte de un niño al que trataron de salvar de morir ahogado, las imágenes nos llevan en un flashback a un año atrás, al interior de la limosina que los lleva al funeral de su padre. Y entonces nos damos cuenta de que nada ha cambiado en ellos, que el famoso viaje místico no los transformó, ni los hizo mejores o peores hermanos. Que siguen siendo tres adolescentes perdidos que no han encontrado su lugar en el mundo y que se quieren a pesar de todo.
Días después de ver la película uno siente que no es tan mala, que hay momentos bonitos, imágenes bellas. Pero la memoria es selectiva y mejora el original recordando solamente las virtudes de The Darjeeling Limited, virtudes que vienen del indiscutible talento de un director que, como sus personajes, está buscando aún su puesto en el universo. Porque no es lo mismo ser un genio incomprendido, que un gringo incomprensible. Probablemente haya una manera de que este filme sea realmente agradable: bajar el volumen del televisor, tomar el control del DVD y dejar que ruede en cámara lenta. Seguramente de esta manera, The Darjeeling Limited podrá convertirse en algo más importante que un paseo de olla de un trío de hermanos ricachones por la India.
