Nombre: La proposición
Categorías: Western
Director: John Hillcoat
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * ½
Diego Guerra * * * *

La proposición (2005)

A palo seco

Un hombre solitario recorre a caballo una pradera, mientras el sol se pone en el horizonte y transforma todo el paisaje en una pintura líquida y ardiente. Estamos ante un western, todos lo sabemos aunque la cámara no se haya acercado lo suficiente para mostrarnos la barba crecida, el polvo sobre la ropa, la pistola en el cinto. Lo sabríamos aún si no hubiéramos visto la balacera del comienzo, cuando Charlie, el hombre solitario, es atrapado junto a su hermano menor, Mike, por el capitán Stanley, quien aprovecha la ocasión para hacerle la propuesta que da título a esta película: que vuelva donde está la banda de forajidos que acaba de abandonar, la misma que es perseguida en todo el territorio por asesinar a una familia y violar a una mujer embarazada. Y que además de volver a la banda, mate al líder, Arthur Burns, su hermano mayor. Sí lo hace, él y Mike serán indultados por sus crímenes. Si no, Mike será colgado en nueve días, justo en Navidad.

Y aunque después haya cosas que nos hacen dudar, como el acento británico de los personajes o que los indios no sean pielrojas sino aborígenes de piel oscura, sabemos por la mirada de desesperanza de todos los rostros, por los diálogos cortos y punzantes, por la crueldad que impone la supervivencia, que vemos un western… aunque sea un western australiano. The proposition se desarrolla en algún lugar perdido de Australia en el siglo XIX, cuando todavía era una colonia británica. Por eso está allí el pobre capitán Stanley, el fantástico intérprete británico Ray Winstone, que carga de ternura su actuación –especialmente en las escenas con su esposa, sobre todo cuando la mira con timidez y devoción, como un enamorado perdido– de tal manera, que a pesar de su rudeza y tosquedad, sentimos piedad por su destino. No es “el bueno” sin tacha de los western clásicos sino el de un western escrito hoy, el bueno ambiguo y humano que contrasta de forma perfecta con “el malo” de la película, Arthur Burns (Danny Huston), quien a pesar de su crueldad es un hombre culto, que sabe de poesía y conserva muchos libros en su guarida.

Y si “el bueno” y “el malo” se alejan de los estereotipos, el resto de los personajes de la historia es aún más complejo: la mujer del capitán (Emily Watson) parece sumisa, pero es la que obliga a su esposo a que el pueblo castigue con 100 latigazos–incumpliendo la promesa inicial de no tocar al menor de los Burns– a Mike; el cazarrecompensas alcohólico (que si somos sinceros es uno de los puntos flacos del guión) con el que se topa el protagonista en una cantina, es una mezcla de loco soñador y temible sicópata; y Charlie (Guy Pierce), el hermano condenado por aceptar la propuesta, es un animal al acecho, un lobo cansado de la carroña que, sin embargo, todavía respeta a la manada. Sus acciones están guiadas un poco por el deseo de poder alejar a su hermano menor de la maldad que a él y a Arthur ya les dañó el alma y otro por esa lealtad a unos valores propios, a una ética personal que guía normalmente las acciones de los protagonistas de westerns.


La escena de los latigazos es el punto de quiebre de la película: el capitán Stanley sabe que al castigar de esa manera al muchacho, la furia de la venganza de los Burns recaerá sobre el pueblo y sobre él mismo. De allí en adelante todo irá de mal en peor. Pero también es uno de los mejores momentos visuales en The proposition: mientras el preso está inmóvil y semidesnudo para recibir el castigo, enjambres de moscas cubren las ropas de los curiosos, como si ellos fueran los que apestaran; la sangre que escurre de las manos del verdugo es probablemente lo único con color fuerte en toda la secuencia, tal vez porque la sangre derramada inútilmente es el peor de los pecados de los pueblos mediocres; la desbandada de los pobladores conforme la espalda del joven se vuelve una masa sanguinolenta, es la aceptación de que no importa si la justicia está del lado de la crueldad, la crueldad es repugnante. Siempre.

Escenas como ésta son memorables gracias, sobre todo, a una fotografía áspera, seca, donde las personas y las casas parecen ser parte del desierto. El polvo alcanza a verse en las cosas, como si estuvieran deshaciéndose de a poquitos. Lo que hace el director de fotografía es conseguir que la tierra en esta película se vea como un paraje abandonado por Dios, una parcela del infierno donde sólo queda mirar hacia el cielo, para pedir perdón, para admirarse ante lo que es maravilloso, para contar los enjambres de estrellas, como lo hace Arthur Burns cada vez que puede, incluso en vísperas de su muerte. La belleza de cada paisaje de fondo, es el recordatorio permanente, casi metafísico, de que todo lo humano, lo que le preocupa a los personajes, vale muy poco ante lo que les rodea.

Es difícil no creer que el tono poético y apesadumbrado en el guión, incluso ciertas inconsistencias en la historia, no se deban a la mirada del guionista. ¡Tiene que haber diferencias si quien escribe la historia es un músico! En este caso, Nick Cave, conocido por sus composiciones oscuras y complejas. En The proposition su trabajo como escritor –aún con esos giros temáticos extraños, propios de ciertas canciones–, se destaca mucho más que sus composiciones en la banda sonora, pues sin ser terribles, parecieran fuera de lugar, como si el hecho de que utilice guitarras eléctricas distorsionadas en ciertos momentos fuera escandaloso frente a lo que las imágenes necesitan: la diferencia entre un llanto silencioso y una histeria apocalíptica.

En tiempos de películas estruendosas, que no dan descanso ni tiempo para la reflexión y que se mueren de ganas de ser “clasificación todos”, es maravilloso saber que se siguen haciendo westerns, ese género cinematográfico donde el silencio siempre queda bien, donde nos podemos gastar muchos minutos viendo a un hombre pensar mientras monta a caballo, donde hasta los buenos fuman y se embriagan. Tal vez el nuevo interés en las películas de vaqueros (hablemos claro, No country for old men es un western contemporáneo) se deba a que vivimos tiempos difíciles, a que otra vez pareciera que estamos solos ante el peligro y únicamente contamos con nuestra propia habilidad para defendernos. Y The proposition, a pesar de desarrollarse en la tierra de los canguros y los koalas, es un western con todas las de la ley: una cena amarga servida sin agua, del primer minuto al último.